Cultura

Un día para la tierra, 365 para la humanidad

Un día para la tierra, 365 para la humanidad

Hace 50 años un hombre cuya formación no tenía nada que ver con el medio ambiente decidió mirar a su alrededor y entendió que alguien debía pensar en la salud de la tierra, ella estaba enferma y sin doliente. Corría el año de 1968 y en la Universidad de Northwestern el ingeniero civil Morton Hilbert decidió cambiar la temática de la clase e hizo esta observación a sus alumnos.

Un aula estudiantil es el antecedente más importante que tiene el Día de la Tierra. Lo que pudo ser una clase más se convirtió en una semilla que extendió sus ramas hasta la propia Organización de Naciones Unidas que tradicionalmente prestaba atención solo a temas de “orden mundial”. La tierra empezó a serlo.

Las ideas de este salón de clase desembocaron en una aula externa: Una manifestación en las calles dos años después, que contó con la participación de mil universidades, diez mil escuelas (primarias y secundarias).  Esta manifestación y otros esfuerzos presionaron al gobierno de Estados Unidos que por primera vez creó un organismo para la protección del medio ambiente: Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental)

 ¿Todo se derrumba?

 Este esfuerzo estudiantil que tuvo eco hasta Europa con la celebración cuatro años después  de la Cumbre de la Tierra en Estocolmo y la conmemoración anual del Día de la Tierra que hoy llega a su aniversario número 50, hace esfuerzos ingentes para no morir. 

Resulta paradójico pensar que el país donde nacieron los “derechos de la tierra”, sea el mismo que hoy se destaca por su falta de compromiso con el medio ambiente.  No, por las instancias académicas que le dieron vida a estos derechos, sino por la posición gubernamental que ha mostrado abiertamente su desinterés y falta de compromiso frente al tema.  Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París, uno de los más importantes en esta materia.

Este desinterés  sería el equivalente a que el turista luche por la abolición de los hoteles y sitios turísticos, así mismo la extinción de la gasolina para los vehículos, los órganos para el cuerpo,  en fin, luchar por la destrucción de nuestra propia piel: la tierra.

Este contrasentido no puede destruir 50 años de lucha académica que han desembocado en la generación de conciencia de cada hogar. Cuando vemos en nuestros hogares tres cestos de basura discriminada según los estándares de uso que se le va a dar, comprobamos que aquel esfuerzo que naciera en un aula de clases germinó.

Que este decalustro sea el momento para que la sociedad civil que es la suma de muchos individuos por una causa en común recuerde una vez más a las esferas del poder que decisiones particulares no pueden acallar la voz de la tierra que somos todos.  Su salud está en nuestras manos. 

Comentarios




Ricardo Hernandez 04:25:01 AM

Que bonita noticia, la tierra es lo más importante