Cultura

Templos musicales

Templos musicales

Marzo, 2018. - El turismo tiene un sinfín de recetas lugareñas para que los viajeros organicen los mejores paseos alrededor del mundo. Los climas, la comida, los deportes y la cultura en general son los elementos que definen el destino a tomar. En este último punto hay un área no tan promocionada en las agencias de viaje que puede representar un nuevo destino sin precedentes.

Se trata de las rutas musicales, tal vez no demarcadas en la geografía, pero sí en la mente de los amantes de la música que sueñan con algo más que las discotecas para gozar de los ritmos que transportan al oído a regiones particulares en el mundo y más en América Latina que goza de gran variedad musical.

Esto se vive en los TEMPLOS MUSICALES, sitios caracterizados por la sencillez de su decoración, por estar en el seno de los barrios tradicionales casi siempre y por deslumbrar con la cantidad de “acetatos” que hablan de la antigüedad de las canciones.

Inicia el baile

En Cuba encontramos  el sector de Matanzas, la cuna de la Sonora Matancera, allí llegan quienes desean recorrer las pisadas del conjunto musical y no encuentran quien les diga que en la calles Jovellanos y Ayuntamiento existe –muy bien salvaguardada- la casa donde en la década del 20 ensayara el grupo de música cubana más grande de la historia.

Allí no existen grandes parlantes donde se pudieran escuchar las grandes melodías de aquel entonces, pero entrar a ese lugar y  tocar las paredes en donde tal vez Celia Cruz o Carlos Argentino, se recostaron a pensar si su música tendría o no éxito, produce una sensación indescriptible para los amantes del bolero, la timba, el son y el cha cha chá.

Pero en otro punto de la isla en su capital, la Habana, encontramos lugares que evocan décadas antiguas con sonido real.  La Bodeguita del Medio es un punto de referencia para bailar y escuchar viejas tonadas, pero si no se tiene dinero para consumir, solo basta pararse en las puertas de las casas vecinas y deleitarse con los equipos que suenan “a todo timbal” mientras en las calles los visitantes hacen corrillos a los mejores bailarines. Esto es Cuba.

No lejos de esta isla, en República Dominicana, es normal encontrar en los grandes resort que allí se encuentran, bares que hablan del merengue comercial que representa este país, pero solo recorriendo las carreteras y adentrándose a las pequeñas poblaciones de la isla, se logra descubrir el merengue autóctono que enamora por la sencillez de sus letras, que en su mayoría, refleja el modo de vida de los dominicanos tradicionales.  Lo más llamativo es que muchas de estas letras no llegan a los grandes estudios musicales, por eso escucharlas resulta ser una experiencia única, como lo es su sonido.

 Yendo al sur

Llegando a Panamá encontramos en el corazón de la capital de este país, en una casa esquinera color guayaba –ojalá siga del mismo color- la vivienda del músico Rubén Blades; esta esquina se ha convertido en un escenario turístico donde todos quieren fotos. Solo con ver los balcones que vigilan la veintena de puertas que rodean la vivienda quedan extasiados.

Yendo a otro punto, mirando la cordillera occidental de Colombia encontramos la ciudad de Cali, donde la salsa encuentra una singularidad de templos que operan de diferente manera según la época del año.  Al borde del río Cauca está el escenario de Juanchito, un barrio que esconde salsotecas cuyo esplendor brilla con las festividades en junio, donde todos aplauden al ritmo de  los grandes bailarines.

Pero más característica es la fiesta de fin de año que esconde el desfile de salsa más largo del mundo, se trata del “Salsódromo”, un escenario que  reúne a más de 3.000 artistas que bailan sin descansar cerca de 2 kilómetros por las calles de la sultana del Valle. Luego, se dan cita en la plaza de la música, expertos salseros que se llaman a duelo para buscar quien es el más experto conocedor de todo lo que compete a esta música.

Sin embargo, no hay que esperar tiempos puntuales para sacar los zapatos blancos y la boina -típicos de los bailarines-, para disfrutar de este pegajoso ritmo, existen sitios como Plaza la Alameda, Pance y otros más escondidos dentro de la ciudad, en los que propios y extraños buscan desenmarañar el secreto del ritmo latino que más variedades presenta: la salsa. Y acaba anota que en esta ciudad hay más de 1.000 escuelas de Salsa.

Aunado a todo lo anterior, virando la mirada hacia el cono sur, encontramos el tango en Argentina,  que encontró su guarida en “La Boca” barrio que ha centrado gran parte de su decoración en homenaje al tango.  No obstante, los argentinos se han encargado de ubicar otros escenarios que mezclan  con la comida para recrear el ritmo de Carlos Gardel.  Las academias de tango están hasta en los parques donde hay profesores que por pocos dólares enseñan pasos básicos. 

Estos son solo algunos ejemplos de la baldosa rítmica de Latinoamérica que suena al compás de los amantes de la música que buscan reconocerse en cada uno de los ritmos, porque América Latina huele y sabe a música. 

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