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Boda Real

Boda Real

Londres y el mundo entero se han vestido de fiesta. Como en un cuento de hadas el príncipe Harry, nieto de la reina Isabel II y la actriz estadounidense Meghan Markle se dieron, luego de un poco más de un año de relación, el “sí quiero” el pasado 19 de mayo de 2018, en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, a las afueras de la capital del Reino Unido.

La feliz pareja, que en todo momento irradió amor y complicidad, intercambiaron votos matrimoniales y los anillos ante una congregación de más de 600 personas, entre las que se encontraban miembros de la familia real británica, hermanos de la madre de Harry, Diana de Gales y personalidades del mundo del espectáculo.

Markle de 36 años eligió para esta importante ocasión un elegante y sobrio vestido blanco, diseñado por la casa francesa Givenchi y un largo velo sujetado por una tiara elaborada con diamantes, brillantes y platino, confeccionada en el año 1932 y que fue obsequiada  a la reina Isabel II,  por su abuela en 1953.

Pese a que entre los miembros de la realeza no existe una tradición de llevar alianzas matrimoniales, Meghan recibió como regalo de la reina y abuela de Harry un anillo diseñado con oro galés, mientras que el del príncipe es un anillo de platino.

La boda que acercó a dos diferentes mundos

Este enlace desde sus inicios, sin duda alguna, logró un equilibrio perfecto entre el estricto protocolo que gira en torno a la reina y el estilo fresco de la pareja que está bastante alejada del trono, según la línea sucesoral. El perfil de Meghan Markle de no ser una ciudadana británica, ser divorciada y ser afrodescendiente no representó impedimento alguno para que se celebrara el amor, por el contrario, tanto los ciudadanos británicos como del mundo entero auguran que esta unión abrirá caminos de inclusión, así como el respeto por las minorías étnicas.

El coro góspel de la ceremonia, la presencia de personalidades americanas y el carismático discurso sagrado, pronunciado por primera vez por un reverendo afro-americano en una boda real, digno de una iglesia bautista del sur de los Estados Unidos hicieron de esta una boda inolvidable.

Meghan caminó sola al altar

Resaltando el empoderamiento femenino, la estadounidense entró completamente sola a la iglesia, en un claro signo de lo que representa la mujer actual. El príncipe Carlos, padre de Harry y heredero de la corona británica, en un noble acto acompañó a Meghan desde la mitad del pasillo de la iglesia hasta llegar al altar y entregarla a su prometido, mientras que 10 pajecitos y damitas, entre los que se encontraba el príncipe George y Charlotte, ambos hijos del príncipe William, y otros niños, ahijados de la pareja adornaron la entrada nupcial.

Nuevos “Duques de Sussex”

Tal y como ocurrió en enlaces anteriores, la reina Isabel II otorgó a su nieto y a su esposa el título de “Duques de Sussex” como un presente, principalmente para Meghan, que no proviene de una familia real. De igual modo, en el año 2005 obsequió el título de “Duques de Cornualles” al Príncipe Carlos, en su segundo matrimonio, y a su cónyuge Camila Parker, tras la muerte de Lady Di y en el 2011 concedió el título de “Duques de Cambrigde” al Príncipe William y Kate Middleton

Como Duques de Sussex, tanto el Príncipe Harry como Meghan deberán cumplir con una serie de obligaciones reales, entre las que se encuentra la labor humanitaria. Faena nada desconocida por la joven pareja que desde hace muchos años se han involucrado en estas tareas. En el caso particular de Markle, ella no solo era reconocida por su carrera como actriz, sino que también lo fue por su trabajo humanitario. Fue activista y embajadora de World Vision Canada, lo que le permitió trabajar con el programa de las Naciones Unidas para la igualdad de las mujeres en la sociedad, así como en la defensa al acceso de agua potable en diferentes regiones del continente africano.

El Príncipe Harry no se queda atrás. Al margen de toda su agenda oficial, desde muy pequeño, decidió continuar con la labor humanitaria de su madre, por lo que permanece prestando su apoyo a causas como la lucha contra el sida, la situación de los huérfanos en países tercermundistas y la erradicación de campos de minas antipersonas.

Hollywood y realeza real bajo un mismo techo

Para nadie es un secreto que la ahora Duquesa de Sussex encarnó diferentes roles como actriz. Desde series como “Hospital General”, “90210”, “CSI: Miami” hasta películas como “Horribles Bosses”, “Remember me”,” Random Encounters” entre otras.  Sin embargo, fue en la serie “Suits”, su trabajo más reciente desde el 2011, en el que comenzó a darse a la fama y el último en la que podremos admirarla en televisión como actriz.

El desempeño de Markle en el mundo artístico hizo que lógicamente sus amistadas más cercanas estuvieran relacionadas con Hollywood. Por esta razón, no sorprendió ver entre los invitados de la pareja a la boda, destacadas personalidades como George Clooney, Oprah Winfrey, Patrick J. Adams, Gina Torres, Gabriel Macht, Sarah Rafferty, Priyanka Chopra , el cantante James Blunt, el exfutbolista David y Victoria Beckham, la tenista Serena Williams y por supuesto el cantante y compositor Elton John, gran amigo de Diana de Gales.

La historia es cíclica

Meghan es la segunda estadounidense divorciada que logra entrar en la Casa Real británica después de que lo hiciera Wallis Simpson, esposa de Eduardo VIII, quien abdicó al trono por amor en 1936 tras un reinado de tan solo 325 días, luego de que los primeros ministros del Reino Unido se opusieran al matrimonio.

Por otra parte, la historia de la actriz hace resurgir sesenta y dos años después, la historia de amor de Grace Kelly, quien siendo una destacada actriz norteamericana llegó a la Casa Real europea al casarse con el príncipe de Mónaco Rainiero III.

Esta nueva y triunfante historia de amor apenas empieza con esta majestuosa boda real que se vivió hace pocos días y que dará mucho de qué hablar en los próximos años. 

 

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