Cultura

Brutal separación

Brutal separación

Siendo yo  pequeña mi madre se tuvo que marchar, no tenía opción, simplemente nos tenía que dejar. El vacío que se  sembró en el corazón de mi  hermano y el mío,  fue -por decir lo menos- totalmente devastador; un vacío y una tristeza que los años no borraron,  por el contrario, crecieron al punto de hacerse insoportables.

Sabíamos dónde estaba mamá, sabíamos que de vez en cuando la podríamos ver, sin embargo, no ostentábamos de su presencia diaria, con lo cual nos sentiríamos protegidos y amados. Entonces, aún sabiendo que ella estaba bien y que de vez en cuando la veríamos, aún habiendo quedado en manos de familiares, el trauma de no tenerla cerca socavó nuestras vidas a un nivel difícil de explicar.

La afectó al punto de no haber podido hasta ahora superar por completo este acontecimiento; por ello, cuando por medio de internet vimos la noticia de aquellos niños en Estados Unidos siendo separados de sus padres, solo pudimos perder la respiración. De solo imaginar el horror de ver a estos pequeños ser separados de sus madres, el ser entero se conmueve. Cuando a esta horrible situación agregamos el hecho de ser enjaulados, en un país desconocido, con otro idioma, con personas a las que jamás habíamos visto, nos da la perfecta ecuación para causar un daño difícil de reparar.

Este daño no solo se manifiesta  a nivel psíquico, -lo cual ya sería catastrófico por sí mismo -  sino que se da también a nivel físico; porque la ciencia ha llegado a esta conclusión,   luego de innumerables estudios.  El trauma infantil devasta y debilita todo nuestro sistema inmunológico, dejándonos proclives a una lista larga de enfermedades de todo tipo, pasando por problemas cardiacos, diabetes, cáncer, entre otras afecciones.

Recuerdo que mi hija estaba muy interesada en leer  las guerras que hemos tenido en el mundo. Yo sabía que era un tema delicado, sin embargo, siempre he sido amiga de la verdad hacia nuestros niños. Traté entonces de buscar los libros que se acomodaran mejor a su corta edad, pese a ello, no importando cuan simplificados estos libros eran, los terribles acontecimientos se dejaban entrever.

Las preguntas de ella eran cada vez más agudas,  aunque las que más profundo  llegaron fueron aquellas en las que se  notaba que los  niños eran maltratados. Y es que las especies están diseñadas para proteger la continuación de sí misma, no para destruirla; por ello no hay forma en que se pueda encontrar  explicación que tenga sentido para cometer atrocidades con nuestros niños.

Al mismo tiempo, siempre que leía con ella estas historias, le aseguraba que eran parte del pasado, que habíamos aprendido la lección, y que de ocurrir nuevamente, el mundo entero reaccionaría para ayudar a prevenir o reparar. Y es en ello donde deposito hoy mi confianza. Somos seres originalmente buenos, a quienes en algún momento hirieron, y no conozco nada que se propague más rápido que el dolor que hemos recibido si este no ha sido comprendido ni reparado.

El dolor es algo que podemos esparcir por largas y eternas generaciones, de no ser aliviado. Por eso asumo que quienes lo están causando hoy, no lo hacen con la intención de dañar, sino más bien porque dentro de sí, llevan también a un niño que fue brutalmente herido, y al que no han podido rescatar.  Razón por la cual causar ese mismo dolor a otros, se convierte en algo casi natural.

Alice Miller en su libro “El Drama del Niño Dotado” nos explica cómo parte del daño que recibe un niño puede ser reparado si quien lo causa le pide perdón y le explica que el niño(a) no fue el causante de la triste reacción, sino que somos nosotros los adultos, quienes llevamos heridas que no hemos podido aún sanar y por eso infringimos dolor.  Todos podemos trabajar juntos para  encontrar la forma de impedir que estos pequeños no vuelvan a ver a sus padres y que una vez logremos reunir a estas familias que están siendo destruidas, unamos nuestras voces en un coro para pedirles perdón.

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