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Incendios con devastadoras consecuencias

Incendios con devastadoras consecuencias

La Amazonia o el Amazonas, es el bosque tropical más grande del mundo y cuenta con una extensión de siete millones de kilómetros cuadrados repartidos entre nueve países, aunque la mayoría está en Brasil. Llamado “el pulmón del mundo”, alberga cerca del 20% del agua del planeta, al 10% de la biodiversidad global, al 20% del oxígeno de la Tierra, es el hábitat de más de 30 millones de habitantes y en este año ha sufrido una oleada de incendios nunca visto.

El Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil entre enero y agosto de este año ha registrado 71.497 incendios, la cifra más alta en cualquier año desde 2013. La mayoría de ellos se registraron en la selva amazónica devastando 10 mil hectáreas. El número de focos de fuego en lo que va de este año es en un 84 % superior al del mismo período de 2018. Pero, ¿cuáles son las razones y consecuencias de esta situación?

Causa principal: La deforestación humana

La proliferación de los incendios que tienen su origen en la deforestación ha aumentado tras la ocupación ilegal de tierras de la selva y su deforestación. Los datos recabados por la agencia espacial de Brasil señalan una deforestación de 4.565 kilómetros cuadrados. La información recogida por los satélites es clara: cada minuto desaparece una superficie de selva similar a un campo de fútbol.

“Los incendios tienen siempre un origen humano. El fuego es utilizado para limpiar zonas que ya han sido deforestadas, para abrir carreteras o para preparar tierras para la agricultura”, explica Paulo Moutinho, investigador en el Instituto de Investigación Medioambiental sobre la Amazonia (IPAM). “Muchas veces, la falta de prevención hace que esos incendios se propaguen a zonas que no estaba previsto quemar y el fuego solo se frena por la lluvia o por encontrar barreras de vegetación más densas y más húmedas”, añade.

El gobierno brasileño atribuye los incendios a una sequía de carácter extraordinario. Sin embargo, diversas organizaciones científicas, sociales y ecologistas no lo consideran así y afirman que han sido provocados deliberadamente con el fin de aprovechar las tierras para minería o agricultura extensiva.

¿Qué ocurre en las zonas quemadas?

En el Amazonas, las llamas actúan a nivel del suelo pero eso basta para matar a árboles muy grandes. Los árboles muertos pierden sus hojas, lo que hace que entre más la luz del sol en la selva y que la vegetación se vuelva más inflamable. En el mejor de los casos, es decir, si no hay más incendios, se tardan varias décadas en recuperar la misma densidad de vegetación. En algunas

zonas quemadas, el espacio es invadido por especies vegetales de zonas más secas e impide que regrese la vegetación que había antes, transformándose es sabanas.

¿Afectan los incendios a otros países, aparte de Brasil?

Si, al cierre de esta edición se habían registrado focos en Bolivia, específicamente en la región oriental de Santa Cruz se convirtió en epicentro de una serie de incendios que en más de tres semanas llevan consumidas alrededor de 500.000 hectáreas de bosque y pastizales. Asimismo se registraron llamas en la Reserva del Pantanal paraguayo en Bahía Negra, en el noreste de Paraguay. Y en Perú el fuego ha consumido 2.700 hectáreas del departamento amazónico de Madre de Dios.

¿Cómo incide en el cambio climático y la biodiversidad?

El Amazonas juega un rol clave en la regulación climática de Sudamérica, influyendo incluso en el régimen de precipitaciones de la región. Los incendios agudizarán la crisis climática a causa de las emisiones de carbono provenientes de la quema de materia orgánica y las áreas dañadas serán más vulnerables a sequías, inundaciones y a otros efectos del cambio climático por la falta de cobertura vegetal. La pérdida del bosque reducirá también la capacidad de absorción de dióxido de carbono por parte de los ecosistemas.

La generación y la dispersión de humo comprometen la calidad del aire de varias regiones relativamente cercanas a los incendios y aun de ciudades lejanas como Sao Paulo, en Brasil, generando problemas respiratorios en los habitantes, lo cual se traduce en daños económicos para el Estado.

El impacto inmediato en la biodiversidad es la muerte de miles de animales y plantas que habitan estos bosques, entre ellos especies emblemáticas y de gran importancia ecológica. Algunos ambientalistas y expertos han advertido que este desastre no tiene retorno.

¿Y ahora qué se puede hacer?

Gobiernos, empresas, organismos internacionales, consumidores, etc, no deben permitir que ni una sola hectárea afectada por estos incendios cambie su uso hacia ninguna otra cosa que no sea la provisión de servicios ambientales clave para la vida en todo el planeta. Es imperante frenar que las hectáreas deforestadas se transformen en áreas agrícolas o de ganadería, esto generaría un incentivo para la continuidad de las quemas.

Se deben generar políticas públicas que protejan a todos los bosques nativos de nuestro planeta. El Gobierno colombiano propuso a sus pares de Brasil, Bolivia, Ecuador y Perú realizar un "proyecto conjunto" de prevención frente a la catástrofe ambiental.

Esperamos que se sumen otras iniciativas porque sin bosques, no hay vida.

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