Espiritual

El poder de la reconciliación

El poder de la reconciliación

Hoy al retornar a nuestra ventana espiritual de este mes debemos continuar fortaleciendo nuestro crecimiento espiritual a través de conocer nuestros Sacramentos que fueron instituidos para que nosotros podamos encontrar esa misericordia de Dios que es tan grande y que como se nos comunica que: "para Jesús, antes que el pecado está el pecador"; por eso es que debemos conocer nuestros recursos para acercarnos mas a la misericordia que Dios tiene para con nosotros. 

Sin embargo, el mal es fuerte, tiene un poder seductor: atrae, cautiva. Para apartarse de él no basta nuestro esfuerzo, se necesita un amor más grande. Sin Dios no se puede vencer el mal: solo su amor nos conforta dentro, solo su ternura derramada en el corazón nos hace libres. Si queremos la liberación del mal hay que dejar actuar al Señor, que perdona y sana. Y lo hace sobre todo a través del Sacramento de la Confesión.. La confesión es el paso de la miseria a la misericordia, es la escritura de Dios en el corazón. Allí leemos que somos preciosos a los ojos de Dios, que él es Padre y nos ama más que nosotros mismos. 

Si queremos la liberación del mal hay que dejar actuar al Señor, que perdona y sana. Y lo hace sobre todo a través del sacramento que también se conoce como la reconciliación. 

En el Evangelio de San Juan 8, 1-11 la adultera es llevada ante Jesús ( lo único que me pregunto es donde dejaron al adultero porque para bailar tango se necesitan dos). Y cuando Jesús les hace la pregunta de quien esta libre de pecado pasa lo que nadie se esperaba: se fueron los que habían venido para arrojar piedras contra la mujer o para acusar a Jesús siguiendo la Ley. Se fueron uno a uno, tenían otros intereses. En cambio, Jesús se queda. Se queda, porque se ha quedado lo que es precioso a sus ojos: esa mujer, esa persona. Para él, antes que el pecado está el pecador. Yo, tú, cada uno de nosotros estamos antes en el corazón de Dios: antes que los errores, que las reglas, que los juicios y que nuestras caídas. Pidamos la gracia de una mirada semejante a la de Jesús, pidamos tener el enfoque cristiano de la vida, donde antes que el pecado veamos con amor al pecador, antes que los errores a quien se equivoca, antes que la historia a la persona. 

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia». Para Jesús, esa mujer sorprendida en adulterio no representa un parágrafo de la Ley, sino una situación concreta en la que implicarse. Por eso se queda allí, en silencio. Y mientras tanto realiza dos veces un gesto misterioso: «escribe con el dedo en el suelo» (Jn 8,6.8). No sabemos qué escribió, y quizás no es lo más importante: el Evangelio resalta el hecho de que el Señor escribe. Viene a la mente el episodio del Sinaí, cuando Dios había escrito las tablas de la Ley con su dedo (cf. Ex 31,18), tal como hace ahora Jesús. Más tarde Dios, por medio de los profetas, prometió que no escribiría más en tablas de piedra, sino directamente en los corazones (cf. Jr 31,33), en las tablas de carne de nuestros corazones (cf. 2 Co3,3). Con Jesús, misericordia de Dios encarnada, ha llegado el momento de escribir en el corazón del hombre, de dar una esperanza cierta a la miseria humana: de dar no tanto leyes exteriores, que a menudo dejan distanciados a Dios y al hombre, sino la ley del Espíritu, que entra en el corazón y lo libera. Así sucede con esa mujer, que encuentra a Jesús y vuelve a vivir. Y se marcha para no pecar más (cf. Jn 8,11). Jesús es quien, con la fuerza del Espíritu Santo, nos libra del mal que tenemos dentro, del pecado que la Ley podía impedir, pero no eliminar. Por eso los invito a vivir el Sacramento de la reconciliación para poder nosotros También experimentar ese amor de Dios.

Que Dios los bendiga

Today, when we return to our spiritual window this month, we must continue to strengthen our spiritual growth through knowing our Sacraments that were instituted so that we can find that mercy

of God that is so great and how we are told that: "for Jesus, before sin is the sinner "; That is why we must know our resources to get more from the mercy that God has for us.

However, evil is strong, it has a seductive power: it attracts, captives. Our effort is not enough to depart from it, a greater love is needed. Without God, evil cannot be overcome: only his love comforts us inside, only his tenderness spilled in our heart sets us free. If we want the liberation of evil we must let the Lord act, who forgives and heals. And he does it especially through the Sacrament of Confession. Confession is the passage from misery to mercy, it is the writing of God in the heart. There we read that we are precious in the eyes of God, that he is Father and loves us more than ourselves.

If we want the liberation of evil we must let the Lord act, who forgives and heals. And it does so above all through the sacrament that is also known as reconciliation.

In the Gospel of St. John 8, 1-11 the adulteress is brought before Jesus (the only thing I wonder is where they left the adulterer because two tango are needed to dance tango). And when Jesus asks them who is free from sin, what no one expected happens: those who had come to throw stones at the woman or to accuse Jesus following the Law left. They went one by one, they had other interests . Instead, Jesus stays. He stays, because he has stayed what is precious in his eyes: that woman, that person. For him, before sin is the sinner. I, you, each one of us are before in the heart of God: before the mistakes, the rules, the judgments and our falls. Let us ask for the grace of a look similar to that of Jesus, let us ask to have the Christian approach to life, where before sin we see the sinner with love, before the mistakes of the one who is wrong, before the story of the person.

God bless you

Deacon Juan Carlos Veliz

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