Cultura

Si desde niños…

Si desde niños…

Nos despiertan antes de que se termine nuestro natural ciclo de sueño para llevarnos a la escuela, guardería o lo que sea… Nos hacen comer mal y apurados sin considerar que necesitamos masticar lo suficiente como para que nuestros estómagos pueden digerir bien… Nos fuerzan a recibir información sin que la hayamos pedido… Se obvian nuestras necesidades de movimientos y juego en pos de adiestrarnos para que nos "comportemos"… Se nos obliga a aguantar las ganas de ir al baño… Se nos castiga por querer hablar cuando necesitamos decir algo… Se nos hace sentir mal por estar en proceso de aprendizaje y no saber exactamente cómo hacer lo que queremos hacer… Se nos obliga a vestir de acuerdo con el uniforme de turno… Se nos humilla por querer explorar nuestros cuerpos, por hacer preguntas, por ser curiosos… Se nos evalúa constantemente en base a un sistema de comparación que no respeta la individualidad del proceso de aprendizaje… Se nos priva del afecto familiar durante largas horas para cumplir con los horarios establecidos por los sistemas educativos dependiendo de la época y el lugar y mucho, mucho más. Entonces, que luego no tengamos respeto por nosotros mismos ni amor propio, que no sepamos quiénes somos, cómo cuidarnos, hacia dónde vamos, ni por qué hacemos o sentimos lo que hacemos y sentimos, se convierte en una consecuencia totalmente esperable a este tortuoso proceso de enajenación y alienación del que hemos sido víctimas cuando no pudimos defendernos. Un adiestramiento que ha sido tan doloroso que muchos lo hemos incluso olvidado (trauma oculto) convenciéndonos de que fue bueno y de que es bueno para nuestros hijos.

Somos valiosos, somos importantes, somos parte de un eje que necesita contar con todas sus piezas para poder funcionar bien. Un eje que no es la escuela, ni ahora la empresa a la que devotamente regalamos todas nuestras fuerzas, sino que es la vida.

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