Espiritual

Celebrando a los santos y a los difuntos

Celebrando a los santos y a los difuntos

En este mes de noviembre celebramos la solemnidad de todos los santos y todos los difuntos.

Los santos no son figuritas perfectas, sino personas que han sido tocadas por Dios, a quienes podemos comparar con los vitrales o vidrieras de las iglesias que dejan entrar la luz en diversas tonalidades de color. Son nuestros hermanos y hermanas que han recibido la luz de Dios en su corazón y la han transmitido al mundo, cada uno según su propia tonalidad.

Pero todos han sido transparentes, han luchado por quitar las manchas y las oscuridades del pecado, para hacer pasar la luz afectuosa de Dios. Y eso, permitir pasar la luz de Dios, es el objetivo de la vida y de nuestra vida.

De hecho, en el Evangelio Jesús se dirige a los suyos, a todos nosotros, diciéndonos “bienaventurados” (Mateo 5, 3), porque quien está con Jesús es bienaventurado, es feliz. La felicidad no está en tener algo o en convertirse en alguien, no, la felicidad verdadera es estar con el Señor y vivir por amor. Los ingredientes para una vida feliz se llaman bienaventuranzas y son bienaventurados los sencillos, los humildes que hacen lugar a Dios, que saben llorar por los demás y por sus propios errores, los que permanecen mansos, luchan por la justicia, son misericordiosos con todos, custodian la pureza del corazón, obran siempre por la paz y están alegres, no odian e incluso cuando sufren, responden al mal con el bien.

No exigen gestos asombrosos, no son superhombres, sino viven las pruebas y las fatigas de cada día para nosotros. Los santos respiran como todos el aire contaminado del mal que existe en el mundo, pero en el camino no pierden nunca de vista el recorrido de Jesús, aquel indicado en las bienaventuranzas, que son como un mapa de la vida cristiana.

Hoy es la fiesta de aquellos que han alcanzado la meta indicada de este mapa: no sólo los santos del calendario, sino tantos hermanos y hermanas de la puerta de al lado, que tal vez hemos encontrado y conocido.

Celebramos una fiesta de familia, de tantas personas sencillas, escondidas que en realidad ayudan a Dios a llevar adelante el mundo. ¡Y existen muchos hoy!

Ante todo —dice la primera bienaventuranza— que son los pobres de espíritu (Mateo 5, 3). ¿Qué significa eso? Pues que no viven para el éxito, el poder y el dinero; saben que quien acumula tesoros para sí no se enriquece ante Dios (cf. Lucas 12, 21), creen en cambio que el Señor es el tesoro de la vida y el amor al prójimo la única verdadera fuente de ganancia. A veces estamos descontentos por algo que nos falta o preocupados si no somos considerados como quisiéramos, recordemos que no está aquí nuestra felicidad, sino en el Señor y en el amor. Sólo con Él, sólo amando se vive como bienaventurado.

Quisiera finalmente citar otra bienaventuranza, que no se encuentra en el Evangelio, sino al final de la Biblia y habla de la conclusión de la vida y dice: “dichosos los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14, 13). Porque también en este mes celebramos a los que han partido con nuestra oración y suplica para que Dios los reciba a celebrar en la mesa celestial. Y cuando estemos llamados a acompañar con la oración a nuestros difuntos, para que gocen siempre del Señor, recordemos con gratitud a nuestros seres queridos y oremos por ellos. Porque recordar es amar otra vez.

Que la Madre de Dios, Reina de los Santos y Puerta del Cielo, interceda por nuestro camino de santidad y por nuestros seres queridos que nos han precedido y han partido ya para la patria celestial.

Celebrating the saints and the dead

In this month of November we celebrate the solemnity of All Saints and all the dead; The saints are not perfect figurines, but people who have been touched by God. We can compare them w, no, true

happiness is being with the Lord and living for love. Do you believe this? We must go ahead, to believe in this. Then, the ingredients for a happy life are called beatitudes: the simple ones are blessed, the humble ones that make room for God, who know how to cry for others and for their own mistakes, remain meek, fight for justice, are merciful to all, guard the purity of the heart, always work for peace and remain in joy, do not hate and, even when they suffer, respond to evil with good. These are the beatitudes.

They do not demand amazing gestures; they are not for supermen, but for those who live the trials and fatigue of each day, for us. So are the saints: they breathe like all the polluted air of the evil that exists in the world, but on the way they never lose sight of the journey of Jesus, the one indicated in the Beatitudes, which are like a map of the Christian life.

Today is the party of those who have reached the goal indicated by this map: not only the saints of the calendar, but so many brothers and sisters next door that we may have met and met. Today is a family party, of so many simple, hidden people who actually help God to carry forward the world. And there are many today! Thanks to these unknown brothers and sisters who help God to carry forward the world, who live among us. First of all, says the first beatitude, they are the poor in spirit (Matthew 5, 3). What does it mean? They do not live for success, power and money; they know that whoever accumulates treasures for himself does not enrich himself before God (cf. Luke 12:21). They believe instead that the Lord is the treasure of life and love of neighbor is the only true source of profit. Sometimes we are unhappy about something we are missing or worried if we are not considered as we would like; Let us remember that our happiness is not here, but in the Lord and in love: only with Him, only by loving is one lived as blessed.

I would like to finally quote another bliss, which is not found in the Gospel, but at the end of the Bible and speaks of the conclusion of life: "Blessed are the dead who die in the Lord" (Revelation 14, 13). Because this month we also celebrate those who have died; with our prayers and plead for God to receive them to celebrate at the heavenly table. Also this month we will be called to accompany our deceased with prayer, so that they may always enjoy the Lord. Let us remember with gratitude our loved ones and pray for them. Because remembering, is loving again.

May the Mother of God, Queen of Saints and Heavens Gate, intercede for our path of holiness and for our loved ones who have preceded us and have already departed for the heavenly homeland.

Comentarios