Cultura

Competencia e individualismo

Competencia e individualismo

Competimos. Nos diseñaron para eso. Nos enseñaron que ser el mejor de la clase nos traería privilegios que a los otros les faltarían. Nos hicieron creer que nos sentíamos bien viendo a otros perder y a nosotros ganar, ¿pero ganar qué?

Crear individualismo fue el principio, dividirnos (dividir es debilitar) y crear más personas preocupadas de "no ser el burro de la clase" que de vivir la realidad. Un mejor número fue la recompensa. Obtener las mejores marcas luego de los exámenes era la medalla de honor.

Hoy ese pequeño número se traduce mayoritariamente a dinero, así entonces el que gana más es el mejor y al que todos "admiran y respetan" sin embargo algo muchas veces nos corroe por dentro aunque lo queramos obviar, un cierto resentimiento difícil de explicar, resentimiento que surge del recuerdo, generalmente inconsciente, de cuando fuimos vistos como incapaces, burros o mediocres en la escuela a causa de esta injusta medición; porque, ¿cómo olvidar la adrenalina que nos brotaba cuando los nombres con sus notas eran leídos en voz alta y el número iba bajando y nuestro nombre no se mencionaba?

Ver a otros como mejores y rendirles tributo, significa ver al resto, incluidos nosotros mismos, como menos capaces; porque no es lo mismo dignificar, respetar y honrar a todos por sus diarios esfuerzos en la dura tarea de sobrevivir en este mundo humano, que solo a unos pocos por sus resultados en números.

Si la escuela sigue funcionando desde esa premisa, nuestros hijos aún tienen la posibilidad de no caer en este juego del individualismo y la competencia cuando en casa prima la valoración del ser por el mero hecho de existir y no por las notas en la escuela o por el alto salario que alguien puede ostentar.

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