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Colombia vive un paro nacional histórico

Colombia vive un paro nacional histórico

En un país sin tradición de protesta como Colombia, el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 fue histórico.

La huelga estuvo convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas de pensiones, laboral y educativa del gobierno de Iván Duque, y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, crecía la expectativa ante el paro. El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para "mantener el orden"; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta injerencia de gobiernos chavistas.

Y, como suele pasar en jornadas de protesta en América Latina y el mundo, se reportaron disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

Dicho eso, es probable que la historia recuerde al paro nacional del 21 de noviembre de 2019 como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Al menos desde 1977, cuando se organizó un paro en contra del Alfonso López Michelsen y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre.

Al final de la tarde de ese día, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles. Nuevamente con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, cientos de personas reanudaron la protesta, esta vez de una manera que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto en historia reciente: la cacerola (forma de protesta que consiste en golpear ollas lo más fuerte posible para hacer sentir una inconformidad),

Otro factor que llama la atención de este paro es que los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, pero hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible. Tal es el caso de Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra dsenador y líder del partido de gobierno, el ex presidente Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país gracias a su política de mano duro contra las guerrillas. Bueno, en Medellín la masiva marcha demostró que la capital de Antioquia se ha diversificado políticamente. Y no fue la única, ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional.

Al día siguiente continuaron las manifestaciones y registró un atentado explosivo en Santander de Quilichao, Cauca y una jornada violenta y vandálica en Bogotá y Cali por lo que el presidente Duque anunció un toque de queda

Al cierre de esta edición habían fallecido 3 policías y 4 civiles.

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