Cultura

El gran filósofo de la Paz

El gran filósofo de la Paz

Era un abogado prominente, adinerado y vestido de manera impecable al estilo inglés. Abordó un tren con pasaje de primera clase. Él no entendía por qué el revisor del tren irrespetaba su porte, su título de abogado, y sobre todo el hecho de ser portador de un boleto para viajar en primera clase.

”¡Fuera del tren! Usted no puede viajar en primera clase, debe bajarse e ir en tercera, donde viajan los indios!”

Este hombre estaba sintiendo en carne propia el latigazo de la discriminación. Descendió del tren sintiendo estupor e indignación y meditó toda la noche, sentado en el andén.

El protagonista de la historia, murió hace 72 años, el 30 de enero de 1948, en Nueva Delhi, India, fecha en la que se conmemora su muerte por ser el gran filósofo de la paz.

Su nombre completo es Mohandas Karamchand Gandhi, conocido como Mahatma Gandhi, un ser amado por el pueblo indio, considerado como un santo, revolucionario, mesías y especialmente un gran pacifista. La palabra “Mahatma” significa “Alma Grande”, y en la India es un título dado a los líderes espirituales.

Adinerado abogado inglés

Nació en el seno de una familia adinerada. Su padre fue un destacado político. Era el menor de cuatro hermanos, y a la edad de trece años, se casó con Kasturba, de su misma edad. En un principio él mismo se consideró cruel, con su mujer, celoso, dominante y posesivo; más tarde experimenta otro fuerte complejo de culpa cuando muere su padre y siente que le abandonó cuando más él le necesitaba. Estos acontecimientos le hicieron reflexionar sobre la responsabilidad y el deber.

A los 17 años se fue a Londres a estudiar derecho. Trató de ser, vestir y actuar como cualquier joven inglés. Trajes de moda, sombrero de copa, bastón con puño de plata.

Siendo un destacado estudiante de música e idiomas, recibió una oferta de trabajo en África del Sur, allí prolongó su impecable estilo inglés. Sin embargo, la discriminación racial sufrida cuando aquel día fue expulsado del tren, le golpeó profundamente, sintió gran humillación y pensó en la injusticia y en cómo podría ayudar a sus hermanos emigrantes. Reunió entonces gente de todos los credos e inició su despertar de conciencias.

La gran revolución pacífica

En 1915, cambia su aspecto y su mente, lidera el movimiento independentista indio contra el Raj británico, estados gobernados por sus reyes hindúes tutelados por el gobierno británico. Anima a sus seguidores a quemar todo lo que tuviese procedencia británica. Se viste con el khadi blanco con el que luego se le conoce, y rompe con el tradicional monopolio inglés. Todos

sus seguidores, incluso él mismo, tejen a mano sus telas, no pagan más impuestos, organizan protestas y dictan discursos contra el gobierno británico.

Aquel hombre a quien Winston Churchill llamó “el faquir semidesnudo”, prendió el fuego de la gran revolución pacífica; que a pesar de su no violencia, no le eximió de permanecer detenido varias veces, permaneciendo bajo arresto domiciliario en el palacio del Aga Kan, fantástico monumento frecuentado por la realeza que hoy es un museo, hasta 1944.

En aquel estado de represión y violencia, Gandhi insistía en la no violencia. “No podemos actuar como ellos, porque no son nuestros enemigos, son nuestros amigos y necesitan ser liberados, así como lo necesitamos nosotros”, decía.

La liga musulmana fue un factor político que apoyaba a los musulmanes indios (un cuarto de la población india era musulmana) y también deseaba el fin de la tutela británica. En 1945, Gandhi aseguró a los musulmanes “un lugar honorable en la India”. No aceptaba una división de la India y un Pakistán musulmán.

Un año después estalló el caos en Calcuta. Gandhi se reunió con los musulmanes e hizo cuanto pudo por detener la violencia, pero no obtuvo buenos resultados. Mostró siempre su espíritu de paz. Al ir caminando, entre sus adversarios, la gente le echaba excrementos en el suelo, y él, firme y humilde, se sacaba las sandalias.

Triste alegría

El 15 de agosto de 1947 finaliza la segunda guerra mundial y el gobierno de Gran Bretaña pone fin al dominio sobre la India. Se declara con júbilo su independencia del dominio británico, pero Gandhi, diría a un amigo “¿por qué nos alegramos?, sólo veo ríos de sangre”.

Se crea la Unión India, gobernada por Nehru (padre de Indira Gandhi). La India fue dividida en dos, India y Pakistán (de mayoría musulmana). El resultado: imposible calcular el número de muertos en la guerra separatista, ríos de sangre, millones de refugiados, mareas humanas huyendo de las matanzas. Gandhi es culpado por la división de la India, aunque él nunca estuvo de acuerdo con dicha separación.

En 1948 inicia un ayuno para que cesen las masacres. Pide al gobierno indio 550 millones de rupias para ser entregadas al gobierno de Pakistán. “Voy a una huelga de hambre y voy a morir; cuando se transfieran 550 millones de rupias terminaré mi ayuno”. Los indios no pueden comprender esta generosidad con el enemigo, se molestan y le acusan de ser débil ante Pakistán.

“Oh Dios”

Fue un hombre con ideales de justicia y paz, aunque irónicamente el elevado número de muertos, denuncien que no hubo ninguna paz.

Sus detractores le acusaron de ser clasista hasta que él mismo fue alcanzado por la discriminación, de dormir con jovencitas para fortalecer su control del espíritu sobre la carne. Le culparon por la pérdida de sus casas y terrenos pertenecientes a los indios, y por dejar una India dividida, la secesión de Pakistán y la continuidad de las castas.

Paradójicamente aquellos que más luchan por la paz, suelen morir de forma violenta. Gandhi, el humanista y pacifista, nunca esgrimió un arma que no fuese su palabra y su verdad. Lideró una revolución no exenta de la sangre; precio que cobran todas las revoluciones. Muere asesinado en Nueva Delhi cuando un radical hindú le dispara tres balas y termina con su vida. Sus últimas palabras, tal como había predicho, fueron “Oh, Dios”.

Increíble es que estando en vida anunció que probablemente lo matarían expresando la siguiente frase: “Si llego a morir asesinado, si tal cosa llegara a suceder, recuerda que recibí esa bala con valentía e invocando a Dios, y sólo en ese momento, sabrás que fui un verdadero Mahatma”.

Comentarios