Cultura

Reparando malentendidos en su núcleo familiar

Reparando malentendidos en su núcleo familiar

Los malentendidos en las relaciones familiares son inevitables y además necesarios. La creencia de que lo mejor es tener relaciones únicamente
funcionales, aquellas que están en constante estado de armonía, es inalcanzable y además refutado por Dr. Ted Tronick, investigador y autor del libro “The Power of Discord”, quien obtuvo notoriedad con su famoso Still Face Experiment.
En este experimento él demuestra de forma estupenda cuánto un infante es afectado por las emociones y comportamiento de sus padres. Ello significa que el bebe viene equipado neurológicamente con la habilidad de conexión y el poder ser sensible al trato de sus padres. En el experimento de dos minutos se observa la relación y conexión de bebe y su madre y luego la fricción causado por la desconexión y un malentendido entre mamá y papá. Se observa la desesperación del bebe cuando su madre cambia su semblante, de mirarlo con ternura y luego lo mira con indiferencia, con un rostro sin emoción. Todo ocurre en unos cuantos segundos en los que el niño luego protesta y al no poder ganar la atención de su madre, entra en un estado de desesperación manifestado en todo su cuerpo. La desesperación del bebe se disuelve cuando su madre activamente y con ternura lo calma y la relación continúa sin tensión.
Tronick indica que el tener conflictos, momentos de desorden y malentendidos no solamente son aceptables pero además necesarios para fomentar nuestro crecimiento y desarrollo tanto social como emocional. 
Él categoriza los malentendidos como “the good, the bad, and the ugly”, lo que significa en español “el bueno, el malo y el feísimo”.
El bueno, es aquel malentendido de muy poca duración, sucede diariamente durante un intercambio en las relaciones donde el malentendido se corrige con suavidad entre dos o más participantes.
El malo, se da cuando se corrige durante un tiempo corto porque nos damos cuenta que hemos ofendido en nuestra forma de responder. Por ejemplo cuántas veces hemos sido responsables por un hecho donde
usted reaccionó (en vez de responder) verbalmente hacia su hijo o compañero de manera indiferente, muy tensa, de mala gana, con la cara larga y con una expresión de “me importas un bledo”. O nos damos cuenta de que hemos cometido una ofensa cuando usted escucha la protesta del otro. Es entonces cuando con entereza y recapacitación usted toma acción enmendadora y con respeto pide disculpas en un tono de voz amigable hacia la persona ofendida. Todo ello con la intensión de reparar y traer armonía en la relación. El reparar “las embarradas que hemos hecho” produce apego, seguridad, confianza y unión.
El feísimo, es aquel malentendido donde la reparación no toma lugar. Aquel acto de insulto, abuso o atropello se queda “tal cual como fue”, sin reparación sin justicia. Lo terrible de ello es que las personas involucradas se pierden la oportunidad de iniciar el proceso de reparación. Por consiguiente no desarrollan herramientas para hacerlo. El reparar se volca una habilidad con práctica. Lo feísimo es cuando la habilidad de reparar se queda ausente. Así la protesta por la persona ofendida llega a oídos sordos, indiferentes o posiblemente a un ambiente agresivo y peligroso.
Esta tendencia de no saber reparar los malentendidos es aprendida usualmente en relación con los padres o quienes nos criaron. Esa inhabilidad es la causante de relaciones muy difíciles donde los malos entendidos paralizan las venas de unión produciendo estancamiento y a veces tristemente puede cortar la vitalidad de la relación en forma definitiva.
En la próxima columna les mostraré una narrativa con detalles de cómo es posible iniciar un trabajo de reparación con su bebe, parientes y personas de importancia para Usted.
Pueden ver el Still Face Experiment del Dr. Edward Tronick, en YouTube.

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