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El polémico Bolsonaro llega a la presidencia de Brasil

El polémico Bolsonaro llega a la presidencia de Brasil

El proceso electoral más controvertido de la historia reciente de Brasil ha dado como ganador al Capitán (r) Jair Bolsonaro ampliamente conocido por sus comentarios abiertamente racistas y derogatorios contra las homosexuales y las mujeres, pero también con un discurso anticorrupción y con una fuerte apuesta por la economía, en un país que aún no se recupera de los estragos de la crisis económica que golpeó al país entre el 2014 y el 2017.


Su contrincante, Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), no pudo con el lastre del desprestigio de su partido a causa de los ex presidentes Lula Da Silva, preso por corrupción, y Dilma Rouseff, destituida por maquillar cuentas públicas.


El cansancio de los votantes por el estatus quo político brasileño, fue marcado por la corrupción sobre todo a partir del caso Java Lato (Lavacarros en español) en la que diversos dirigentes políticos particularmente del Partido de los Trabajadores fueron  encontrados culpables de recibir sobornos por parte de Petrobras. Esto ha sido más fuerte que las explosivas declaraciones de Bolsonaro.

 

Entre sus frases: Las alabanzas a la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, sus ataques a la prensa, y su clara inclinación por el fascismo.


Bolsonaro ha sabido venderse como un outsider cuya intemperancia ha sido más bien vista por sus seguidores como un signo de honestidad de un hombre que no teme decir lo que realmente piensa.   


Sin embargo, el éxito de Bolsonaro se ha debido más a los errores de su mayor adversario del Partido de los Trabajadores, que a sus méritos propios, ya que se ha alimentado del mal recuerdo por el pésimo manejo de la economía y la corrupción durante el gobierno del PT.

 

También Bolsonaro se ha beneficiado de la dilación del propio partido por elegir un sustituto de Lula Da Silva, el principal candidato presidencial de ese partido. En efecto, según las encuestas realizadas luego de la primera vuelta presidencial, Haddad arrastraba un 52% de rechazo, vs,  38% de Bolsonaro.


Aunque Jair Bolsonaro ha sido visto con buenos ojos por la clase económica brasileña que le considera una mejor opción para la recuperación económica del país en comparación con Haddad (a pesar de que Haddad posee un postgrado en economía), su polémico discurso está generando una peligrosa polarización del país así como retrasos en materia de derechos civiles cuyas consecuencias aún son difíciles de ver pero que sin duda vaticinan tiempos complicados para Brasil.


Bueno para la economía, sí pero no.

En el 2011, la noticia de que Brasil desplazaba al Reino Unido como la sexta economía del mundo, era algo visto  como la consolidación del país suramericano en este nivel.  Las proyecciones señalaban que así bajaría  Francia al quinto lugar para el 2015, quedando en los primeros lugares:  Japón, Alemania, China y Estados Unidos.


Lula Da Silva, gobernante de ese país entre el 2003 y el 2010, era visto como el artífice de dicho crecimiento que contribuyó a reducir los índices de pobreza a  30 millones de brasileños. Sin embargo, dicho logro tuvo un serio problema, se basaba en el crecimiento de las materias primas y del gasto público, y poco tenía que ver con productos de valor agregado así como de la inversión.


Cuando el precio de las materias se desplomó en el 2013, el país se encontró que ni Lula ni Dilma Rouseff aprovecharon el boom económico para diversificar la economía, por lo que Brasil no fue capaz de hacer frente a la caída de los commodities, lo que dio paso a la mayor crisis económica, que según medios locales, ha sido considerada la peor de la historia. Brasil, pasó en cuatro años, del 6º  al 9º lugar mundial, desplazado por India e Italia, y seguido muy de cerca por Canadá.


Es por ello que el gobierno del PT es un mal recuerdo para muchos brasileños que han preferido abrazar la candidatura de un candidato con ideas “retrógradas” para algunos, pero que es percibido como “bueno para la economía”. El problema es que la historia está llena de casos de políticos  con desprecio a la democracia pero “bueno para la economía” que a la larga resultaron perjudiciales para el país, lo que demuestra que no solo de la economía viven los países, sino que también requieren de instituciones democráticas y de la defensa de los derechos de todos sus ciudadanos.



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