Espiritual

¿Qué piensa Jesús de la Navidad?

¿Qué piensa Jesús de la Navidad?

Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor. En estos días todo se vuelve más especial.

La verdad, es agradable saber que un día al año algunos piensan en mí. Hace muchos años que comenzaron a festejar mi cumpleaños, al principio no parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, hoy parece que sigue igual.  Pocos saben para qué lo celebran. 

La gente se reúne y se divierte mucho pero no saben de qué se trata. Recuerdo el año pasado, hicieron una gran fiesta en mi honor. No me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. Me cerraron la puerta. ¡Y yo quería compartir la mesa con ellos! (Apocalipsis 3,20). 

Como no me invitaron, se me ocurrió entrar sin hacer ruido, entré y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo, borrachos. Para colmo llegó un viejo gordo, vestido de rojo, de barba blanca y gritando: "JO, JO, JO", se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él, diciendo "SANTA CLAUS". 

¿SANTA CLAUS? ¡Como si la fiesta fuera en su honor! Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara. ¿Y sabes? Nadie me abrazó. Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido.

Esa noche lloré, me sentía destruido, como un ser abandonado, pero tú y tu familia me invitaron a pasar, además me trataron como a un rey. Tu familia realizó una verdadera fiesta en la cual yo era el invitado de honor, además me cantaron las mañanitas.

Que DIOS bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar con ellas.

Otra cosa que me asombra es que el día de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Tú que sentirías si el día de tu cumpleaños no te regalaran nada?. 

Una vez alguien me dijo: Cómo te voy a regalar algo si a ti nunca te veo? 

Yo lo dije: Regala comida, ropa, y ayuda a los pobres, visita a los enfermos a los que están solos y yo lo contaré como si me lo hubieras hecho por mí (Mt.-25,34-40).

A un anciano llamado Juan, en mi cumpleaños anduvo de pidiendo posada, nadie le abrió. Se sentó en una banca y lloró. Pasé a su lado, le dije:  No te apures,  a mí tampoco me dejaron entrar. 

Pero toda paciencia tiene su límite. Voy a contarte un secreto: He pensado que como nadie me invita a la fiesta que han hecho, estoy pensando en hacer mi propia fiesta.

Una fiesta espectacular con grandes personalidades: Abraham, Moisés,  David y otros, Todavía estoy haciendo los últimos arreglos. 

Estoy enviando muchas invitaciones, hay una invitación para ti. Solo quiero que me digas si quieres asistir y te reservaré un lugar y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados. A esta fiesta sólo habrá invitados con previa reservación y se quedarán afuera los que no contestaron mi invitación.

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