Espiritual

Descupando el armario

Descupando el armario

365 días son más que suficientes para que se llene la casa. La descarga de las promociones y necesidades varias que vamos surtiendo día a día, llenan el hogar.  Igual pasa con nuestros corazones, sin darnos cuenta vamos llenándolo de muchas cosas que van generando montones de bellos sentimientos pero también de amargos recuerdos.

Los primeros son combustible para alcanzar grandes ideales y ver mejor la vida, pero los segundos producen el mismo efecto que la basura en una vivienda, sino se lleva al lugar correcto. Así el corazón se convierte en un armario que guarda significativos productos pero también otros perecederos.

Como en el hogar, hay algunos residuos fáciles de sacar especialmente los sólidos, pero hay otros que corresponden a olores, gases, intangibles en general y no es posible tomarlos con la mano y botarlos.  Se necesitan elementos adicionales para anularlos y reemplazarlos y así crear nuevos ambientes.

Igual ocurre con el corazón, lo que se guarda allí son sentimientos, emociones que no podemos verlas y sacarlas del lugar con nuestras manos, sino con una decisión y un equipamiento nuevo.

Aunque no se vean, sino se sacan, producen malestar como los intangibles que causan mal ambiente  en casa.  Por ejemplo, expertos han señalado que el mal humor que parecen manifestar algunas personas en todo momento, es producto de temores que no se han resuelto y malos recuerdos que no se han perdonado.

Aunque no tengan presente ese pasado conscientemente, el efecto de este, sí se hace visible en su vida en el diario vivir.

Por eso resulta vital decirse a desocupar ese armario al iniciar un nuevo año.  Basta de olores nauseabundos que contaminan nuestra relación con los demás creando malestar a nuestra propia existencia y la de otros.

Efectos del perdón.

Uno de los aspectos que más cuesta decidirse a sacar del corazón son los hechos para perdonar.  Tal vez no se pueda negar su existencia, en un momento dado de la vida.  Ocurrió.  Pero sí se puede decidir, ubicar nuevos sentimientos en ese lugar por el propio bien.  Sentimientos que miren al futuro; no permitiendo que el pasado gobierne más el presente.

El perdón es la decisión más liberadora que hay.  No otorga en ningún momento la razón a quien lastimó, sino la libertad a quien decide no caminar más junto a su verdugo. Por eso le deja ir.  Este último no merece más caminar a su lado.

Así va quedando el armario desocupado para llenarlo de nuevas expectativas, otras personas, renovadoras energías y un sentimiento de paz que tal vez antes no se conocía, porque los nauseabundos olores no permiten aspirar el aroma original de la vida.

Sea este el momento para iniciar un nuevo año, lleno de nuevas intenciones, con la decisión consciente de vivir mejor y no  en modo automático desocupando el armario de nuestro corazón, dejándolo con las mejores marcas y los mejores utensilios para caminar en la línea de la vida. 

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