Cultura

Auténticos y luchadores

Auténticos y luchadores

Las Naciones Unidas han establecido al 21 de marzo como el Día Mundial del Síndrome de Down. Desde Presencia Latina nos unimos al llamado de la ONU primeramente para resaltar los términos correctos para identificarles, es decir,  personas con síndrome de Down, personas con trisomía 21, o personas con discapacidad intelectual. En muchas ocasiones medios de comunicación los definen como minusválidos, afectados, enfermos, angelitos, seres especiales, o el terrible “mongólico”, los cuales producen daño en la dignidad de quienes debemos ver como personas comunes.

Por otra parte, celebramos la inclusión y cómo la misma nos permite ver personas con síndrome de Down destacándose en diversas áreas, como el de Megan McCormick, joven estadounidense graduada de maestra de pre-escolar; Fernanda Honorata, reportera brasilera de un programa en el que entrevista a los artistas más famosos de su país; Jamie Brewer, actriz y primera modelo con Síndrome de Down en participar en la pasarela de la Semana de la Moda de Nueva York; la española Angela Bachiller, quien fue Consejal  Ayuntamiento de Valladolid; Isabella Springmuhl, diseñadora de modas guatemalteca; y otros tantos que no nombramos porque gracias a Dios la lista crece día a día.

Pero celebramos a estas personas sin reconocerles como superhéroes y sin dar a entender que todos pueden llegar a alcanzar situaciones similares de éxito.

Aplaudimos a quienes son su principal soporte emocional, a los que se abocan a defender sus derechos esforzándose para darles visibilidad y mostrar a la sociedad cuáles son sus demandas y necesidades.

Resaltamos el aporte de la medicina para corregir y prevenir complicaciones propias de su condición y alargar su esperanza de vida que pasó de ser 25/30 años a 60 en tres décadas.

Pero lo que más celebramos es que ellos dan a la sociedad mucho más que lo que reciben. Nos enseñan a valorar las pequeñas cosas, superar barreras, ser pacientes, constantes, entusiastas, agradecidos, esforzados, estar pendientes de las emociones de los demás y a amar sin interés, enseñándonos el verdadero sentido de la felicidad y de la vida.

 ¡Tenemos tanto que aprender de ellos!

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