Cultura

La Tierra Sanadora

                                                La Tierra Sanadora

                                                 The Healing Land

Man is a terrestrial being. Nature gave each species a natural habitat in which it is born, develops, grows and multiplies. This place on earth has been equipped with everything you need and is suitable for all your needs. Open air spaces for winged beings. Waters for marine animals etc. thus man as an earthly being is created so that his life develops in contact with the soil, where he learned to use healthy food, and environmental resources for nutrition, protection and security.

El hombre primitivo, llevado por su instinto natural, comenzó a utilizar las plantas para curarse, como hacen todos los animales vivos, ellos saben qué fruta o hierba comer. Mediante su adaptabilidad, conquistó también la copa de los árboles y el cobijo de las cuevas, como lugar de protección; sin embargo esto no le apartó de su hábitat natural, el sol, el aire, la tierra y sus abundantes recursos de toda índole; el hombre, siempre estaba  en armonía con su ambiente.

La tierra tiene capacidad para darnos todo cuanto necesitamos para vivir saludables.    

¿Qué fue lo que nos pasó? 

La desconexión con el ambiente natural, fue el motivo de muchas enfermedades.

     La vida moderna inventó la máquina, el necesario vehículo de transporte, el cual disminuyó casi totalmente el sano ejercicio de caminar. Nadar, ya no es en su mayoría una habilidad imprescindible para la supervivencia, pescar ya no implica el ejercicio de manejar arpones, o redes, o luchar contra corrientes y oleajes. Ahora la pesca viene en cajas,  muchas veces incluso, sazonada y pre-cocida.

      Los alimentos vegetales ya no exigen de cada uno, el trabajo de la tierra, ni usar azadones, ni rastrillos; tampoco recoger estiércol de los animales para abonar los siempre paralelos surcos del arado. Ahora, el abono viene en prácticas bolsas de plástico, y en su interior, pequeñas esferas de colores que hacen milagros, pues cumplen múltiples funciones; prometen hacer crecer las plantas, eliminar hongos y parásitos dañinos. El ser humano, se liberó de la antigua modalidad de agricultura, y para su comodidad, ahora las lechugas y las patatas, las cebollas y todas las verduras y frutas, “nacen” en el supermercado.

La primitiva cabaña construida con madera, piedra y tejados de paja seca, impermeable y fresca, se hizo pequeña e incómoda, y el hombre necesitó una casa más grande. Crecieron las poblaciones y la casa tenía que ser igualmente grande, pero como el espacio terrestre físico se iba reduciendo, el hombre inventó poner una casa encima de otra. Para lograr esa construcción vertical, debió usar elementos más resistentes.

La familia en la gran ciudad. El hombre y su clan familiar, se vio un día habitando en colmenas verticales, de hierro y cemento, caminando por grandes ciudades, cómodas, elegantes, funcionales, ordenadas y alejadas totalmente de la tierra, donde el único verde en el suelo, tiene un letrero que dice “No pisar el césped”. Por fortuna aún existen los parques.

A los niños no se les permite llenarse de tierra porque se manchan; pero como ellos tienen la sabiduría aún despierta y por fortuna, no están contaminados de “madurez y experiencia”, disfrutan enormemente caminar sobre un buen charco, jugar con piedras, arena, y barro, lo cual  de manera inconsciente, les conecta con el corazón energético de la madre tierra.

El gravísimo problema es que nos enfermamos porque nos hemos alejado de todo lo natural, y obligamos a nuestros pulmones a respirar aire viciado, a nuestro estómago a digerir plástico, y ya no sabemos comer algo que no venga dentro de una bolsa, o una caja; obligamos a nuestros músculos, huesos y cerebro a la atrofia por falta de movimiento. Todo viene por cable, por teléfono, por Internet, por “delivery”, “ready made”. Así vemos tantas enfermedades que enloquecen a la humanidad y la encierra en un círculo vicioso: me enfermo, luego me encierro, me encierro, más me enfermo.

Entonces, ¿qué hacer?

Contactar con el corazón de la madre tierra. Darse un baño de bosque. Absorber la energía sanadora de la tierra, con todos los sentidos. Despegarse todo lo posible de las plataformas de cemento e ir al campo, recibir la energía telúrica de la tierra, andar descalzos, sentarse en el suelo, sumergirse en el agua, andar al sol, respirar aire puro, meditar, escuchar el canto de los pájaros; sentir la fuerza de la naturaleza y permitir que equilibre nuestro ser.

Todos los años España recibe miles de peregrinos (327.000 en 2018). ¿Pero qué impulsa a los peregrinos a realizar caminatas durante meses, y miles de kilómetros como en el “Camino de Santiago”? Unos dicen que hacen el camino por fe en Santiago, cumplir una promesa, esparcimiento, turismo etc. Pero lo que subyace bajo el enorme esfuerzo que representa caminar miles de kilómetros, (30 o 40 km diarios), es atender al imperioso llamado de la tierra, esa necesidad natural, primitiva e inconsciente de retornar por un tiempo al contacto con la naturaleza viva, como lo hicieron los primeros hombres durante quizás millones de años.

Caminar por espacios abiertos afecta favorablemente nuestros comportamientos biológicos y se normalizan los biorritmos físicos;  por eso dormimos mejor, la comida sabe mejor, se acaba el insomnio, desciende el colesterol,  la presión arterial, el cortisol (la hormona del estrés) desciende el índice de infartos; aumentan las células NK (Natural Killers), (un tipo de glóbulo blanco que permite combatir enfermedades), y sobre todo aumenta la paz mental. Alejados de tantos equipos y su radiación electromagnética. El ser humano “vuelve a casa”.

La farmacia de la tierra

La madre tierra brinda a través de todos sus elementos, cuanto el ser vivo necesita. En la tierra nace la humilde ortiga, que combate la anemia por su contenido de vitaminas y minerales K, A, C, E, B2; ácido fólico, clorofila, y muchos minerales, calcio, hierro, zinc, silicio  magnesio etc.

     La cola de caballo, “Equisetum arvense” gran fuente de sílice, mineral que estimula la producción de colágeno y contribuye a la belleza y salud de piel, cabello y uñas. Excelente para la mujer en su etapa menopausia  y post menopausia, porque ayuda muy eficazmente en la conservación de los huesos y protección de las articulaciones.

El abedul, o árbol mágico con grandes propiedades para adelgazar. De igual modo la hoja de té verde y rojo, por ser quemadoras de grasas corporales.

La manzanilla. “Una infusión de manzanilla”, no un “té de manzanilla”, como suele decirse. (El té es una hierba; la manzanilla no contiene té. Tampoco existe el “té de té”; sino “infusión de té”, o  simplemente, “un té”). La manzanilla, produce un alivio inmediato, en los procesos digestivos; sin olvidar el anís estrellado.

El ajo, antibacterial, antiséptico, hipotensor y estimulante del sistema inmunológico; el eucalipto, hace bajar la fiebre y es estupendo para aliviar la congestión bronquial; el jengibre, antinflamatorio, o la divina miel natural; muy saludable, porque es anti anémica, antiviral, antinflamatoria; rica en vitaminas A, C, D, B1, 2, 3, 5 y 6. Minerales, oligoelementos (como el cobre), magnesio, manganeso, hierro, fósforo, potasio, azufre, calcio, sodio, y yodo entre muchos otros.

Un día para recordar que nos da todo lo necesario

El 22 de este mes se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, cuyo fin es crear conciencia sobre los problemas de la sobrepoblación, la producción de  contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger a quien nos ha dado la vida. Ella es nuestro hogar, nuestra madre, nos da todo lo necesario para ser sanos física y mentalmente.

Además del control médico regular, respira conscientemente, recibe sol, lluvia, aire, camina, observa, piensa bien, y vive en contacto con la naturaleza ¡Salud!

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