Cultura

Cirugías de garaje

Cirugías de garaje

Producto de su insatisfacción personal, algunas personas, aun siendo bellas físicamente, se empeñan en verse feas. Se encuentran siempre defectos físicos, y si no los encuentran, los inventan. No quieren verse en el espejo porque les molesta la arruga, la espinilla, el kilo de más. Se critican su pelo natural aunque esté sano y sedoso, lo someten a un sinfín de martirios, como someten a su piel, etc. Tienen una apreciación mental errada de sí mismas, como sucede en la anorexia, donde existe una distorsión de la imagen corporal y la persona se ve obesa, siendo en realidad casi un esqueleto.

También el amor desproporcionado hacia sí mismo, puede llevar a ese deseo de verse siempre joven o más atractivo. Enamorarse de una supuesta belleza ilusoria, en muchas ocasiones conduce a hombres y mujeres hacia su propia destrucción, buscando cirugías, y otros procedimientos que pudieran ocasionar gravísimos problemas, tanto estéticos (cicatrices, marcas, brazos o piernas desproporcionadas, cuerpos estilo Hulk), como vitales, como daño cerebral y hasta un fatal desenlace.

La cirugía plástica, estética, reconstructiva, es un recurso maravilloso, en casos necesarios, específicos. Como por ejemplo una malformación genética o adquirida, para reconstruir o mejorar el resultado negativo ocasionado por cirugías anteriores mal realizadas, quemaduras, cicatrices, etc. La cautela y el instinto de conservación, debería mantenernos alejados de procedimientos estéticos innecesarios excepto aquellos que pudieran afectar el desempeño físico, natural o psicológico de una persona, pero lamentablemente muchos no dudan en aventurarse hacia medidas extremas como la cirugía de “garaje”, en busca de la eterna belleza y juventud.

¿Qué son las cirugías de “garaje”?

Podríamos decir que son “el mercado negro” de la salud y la belleza. Los deseos de verse siempre mejor, afectan a muchas personas de manera irreversible. Lo que preocupa más a las autoridades y organismos de salud en el mundo, son estos procedimientos “embellecedores” denominados también como “estéticas de garaje“, “cirugías a domicilio”, etc., que se realizan a bajo costo, de manera ilegal en lugares inapropiados y atendidas por personal tal vez de la salud; dentistas o supuestos médicos generales pero que no poseen la especialidad.

Algunos de nuestros países latinoamericanos ya son más conocidos por estas prácticas, que por otras razones. Existen numerosas promociones que ofrecen viajes al extranjero a bajo costo,

paquetes de belleza con todos los gastos incluidos, pero sin “garantía”, porque nadie garantiza la vida del paciente.

En ese afán de lucir mejor, no solo se someten a procedimientos plásticos y estéticos realizados por personal no especializado en el área, sino que se aplican o inyectan a sí mismas, (o permiten otro que se lo haga), cosas inverosímiles como pegamento y cemento en los glúteos y otras partes; silicona industrial, cartílago de tiburón y otras substancias como aceite de cocina.

Conocemos docenas de casos que han terminado mal en ese tipo de procedimientos, generalmente caseros donde no se observaron medidas de higiene y seguridad adecuadas. No fueron realizados por personal idóneo, implicando una irresponsabilidad de ambas partes.

Otras decisiones erradas que han tomado algunas personas es abandonar tratamientos médicos por otros procedimientos “milagrosos” o “inofensivos, porque son naturales”. Al respecto, en España fallecen por substitución de sus tratamientos médicos alrededor de 1.300 personas cada año, porque decidieron adoptar otras “medicinas naturales” (muchos de ellos manifestando que lo hacían como última opción).

¿Qué hacer?

Primero: recordar que incluso las personas menos agraciadas (según los cánones de belleza actuales), tienen su encanto natural. Una persona no tiene que poseer unos rasgos “perfectos” para ser encantadora. La belleza, no está en la juventud, en el peso, en los adornos o la posición social, sino en lo natural de su presencia física y en las cualidades de su espíritu. Su actividad, su desempeño como persona sin complejos, que se ama a sí misma y está contenta con lo que es, hace que emane salud y belleza. La edad, las arrugas y las marcas que dejan los años, son bendiciones que nos recuerdan que hemos vivido y esperamos vivir mucho más para seguir siendo felices, agradeciendo al Creador por cuanto nos ha dado y la oportunidad de disfrutar esta experiencia maravillosa que es pasar por este escenario de la existencia humana.

Segundo: si ya la decisión de operarse está tomada, ponerse en manos de un buen cirujano plástico y un médico anestesista también titulado y con experiencia; personal cualificado, quien exigirá estudios electrocardiográficos, analíticos y radiológicos. La intervención debe realizarse en un quirófano bajo medidas de higiene y seguridad, y siempre en un lugar reconocido, legal, y que disponga de lo necesario en caso de una emergencia, donde (aunque se firme un documento de consentimiento para la intervención), exista siempre el profesionalismo y la garantía de la práctica legal; que podrán responder si algo sale mal.

Tercero: hoy en día, no hay espacio para el empirismo, ni el intrusismo. Desconfía de tarifas, planes, “combos” de belleza muy baratos, y de los caros, también.

Empeñarse en ser joven por siempre, es una quimera. Nadie puede detener el reloj del tiempo. Amar lo que somos, sentirnos bien con nosotros mismos es el gran triunfo de la vida. Una persona

que puede amarse a sí misma no envejece, porque la belleza no está en el bisturí, sino en el cerebro.

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