Cultura

Con título o sin él

Con título o sin él

Llevamos cargas antiguas que nos cuesta dejar atrás. Una de las cargas más grandes que reconozco en muchos de los que crecimos en esta cultura humana “moderna”, es la de creer que no somos “nadie” si no tenemos algún título de nobleza familiar (apellidos), universitario (carrera), o de cualquier otra cosa que nos pueda situar en algún escalafón social más alto. Y en ese afán se nos va la vida e incluso, muchas veces nuestra propia vida no es suficiente, sino que también intentamos adueñarnos de la de nuestros hijos para satisfacer esa necesidad de reconocimiento, aceptación y respeto; aspectos esenciales para el autoestima y que provienen del amor; y el amor no se gana ni se merece, sino que ha de ser recibido por el mero hecho de existir.

De vez en cuando de la boca para afuera decimos que solo queremos que nuestros hijos sean felices y estén sanos, al mismo tiempo que por dentro explotamos en inseguridad cuando notamos algún grado de desinterés en estudios superiores. Tenemos miedo. Un miedo bien fundado a que no lleguen a ser doctores, abogados o ingenieros, títulos que imaginamos les darán lo que muchas veces nosotros mismos quisimos tener y no tuvimos: Respeto.

Tal vez sea tiempo de comprender que todo lo que realmente nos hizo falta en nuestras vidas, fue sentir el amor incondicional de nuestras familias, y que una vez aprendamos a entregárselo a nuestros hijos, el resto les vendrá por añadidura, pues una vez la base sólida de la confianza se construya, esta les permita explorar sus capacidades en todo su potencial, y así con título universitario o sin él podrán llevar para siempre consigo esa felicidad de la que tan sedientos muchos de nosotros quedamos.

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